“Aquí, no sé padre si se ha dado cuenta ya, -me decía una señora- aquí en los Estados Unidos es muy difícil cometer una infracción sin darse cuenta. Todo te lo dicen. Todo está anunciado”. 

Siempre me sorprendí, desde que llegué a los Estados Unidos, al ver la cantidad de anuncios, prohibiciones de todos los tamaños, estilos, colores que encontramos al lado de las calles, carreteras y autopistas. Nos quieren decir que es más fácil ir de la mano del anuncio que olvidarnos de él. Hasta en las carreteras perdidas en la montaña, llega a decirse que la velocidad, atención sí, la velocidad se la controlan por avión. Por eso, siempre he dicho desde el inicio, que es muy fácil manejar aquí, en los Estados Unidos.

Imagínate que realmente nos pasa lo mismo con nuestra vida, con ese regalo tan precioso que es la vida que el Señor nos concedió, porque siempre que vamos caminando por ahí, aunque la oscuridad es lo que nos cubre, encontramos como una pequeña lucecita fosforescente que nos recuerda lo que debemos hacer o evitar. Tú la puedes llamar como quieras: Unos le dicen el “ángel de la guarda”, otros la “voz del Señor”, algunos “la conciencia”. En el fondo, el Señor nos ha dejado en la propia vida, el manual de instrucciones para saber comportarnos, y las reglas de la vida inscritas en la propia conciencia, como recuerdo que te ayuda a vivir bien. ¡Qué sencillo sería obedecerlas y cuánta tranquilidad tendríamos en el interior de nosotros mismos, donde se vencen las grandes batallas de la vida! 

Por eso, yo repetiría mejor, que no sólo en los Estados Unidos es más fácil manejar, sino que manejarnos y manejar es más fácil en todas partes, cuando la ley, otros lo llaman los mandamientos, es lo que más queremos, lo que más vivimos. Si esto vives, si esto estás enseñando, tu vida y la de los demás será muy fácil vivirla, aquí en todas partes. Así es, agarra la Oooooooonda. Tu amigo de siempre, P. Salvador Gómez, L.C.

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